DAREDEVIL: Born Again

>> lunes, 7 de julio de 2008

COMPLETA
¡LINKS RESUBIDOS!

Daredevil enfrenta una guerra sin cuartel contra el Kingpin su archienemigo que actúa en la sombra como gran jefe de la mafia, Todo cambia cuando este descubre la identidad secreta de nuestro héroe, de aquí en mas comenzara una persecución sin cuartel contra daredevil/Matt Murdock que lo llevara a su inevitable crucifixión, muerte y su póstuma resurrección.



EL DATO: Uno de los comics más brillantes e inteligentes de súper héroes q e leído, aquí no solo leeremos una buena historia de Miller si no el relanzamiento de un personaje de una manera inteligente (sin ser comercial), acompañados de los dibujos de un Mazzuchelli (Batman año uno) en su mejor forma.

En esta historia se narran ciertos paralelismos con la simbología cristiana como metáfora, tenemos a un Daredevil/Murdock/Jesucristo, KarenPage/Judas, monja Maggie/Maria.
Mención aparte merecen ciertas viñetas de los comics en donde siempre se lo encuentra a Daredevil/ Murdock acostado en una posición fetal diferente hasta llegar a su renacimiento, y las comparaciones visuales de una viñeta: que vemos a Murdock demacrado junto a Maggie, estando ambos en una postura que remite directamente a La Piedad de Miguel Ángel.
Born again un comic imprescindible hayas leído o no previamente a Daredevil un punto y aparte en la vida del personaje y del dibujante y guionista Frank Miller.



DAREDEVIL: BORN AGAIN - La Pasión según Frank Miller
Por Sueños de Celuloide
En 1985, tres años después de abandonar la colección de Daredevil, Frank Miller retomó al personaje para crear una de sus obras más reconocidas: Born Again, una historia rompedora e inolvidable que abarcaría siete números (del 227 al 233 USA) que figuran con letras de oro en la historia del cómic americano.
Pero antes Miller ya había revolucionado la colección: primero como dibujante y después haciéndose cargo tanto del guión como del apartado gráfico (con la colaboración inestimable de Klaus Janson), logró unas cotas de calidad que hoy por hoy se antojan indiscutibles. Daredevil fue relanzado gracias a un joven e impetuoso artista decidido a hacer algo grande, a llevar al superhéroe a la mayoría de edad mediante guiones inteligentes y adultos que le otorgaban matices psicológicos que progresivamente fueron desarrollados y exprimidos hasta las últimas consecuencias. Miller escarbó en la psique del personaje, le dotó de un peso realista enfrentándolo a dilemas morales y hablando de su pasado, le hizo pasar por odiseas, tragedias y tormentos sin desperdicio... En definitiva, se trataba de caracterizarlo con profundidad, de perfilar una personalidad definida e, incluso, de situarlo a ras de tierra para que el lector se identificase, se involucrase, sintiese y vibrase con el devenir del mismo. Daredevil no había de ser un superhombre intocable por encima del bien y del mal y cuyas acciones no tuviesen consecuencias. No. El componente dramático y emocional que se generaba a raíz de la humanización del protagonista tenía que existir y ser convenientemente potenciado.
Naturalmente, tal introspección se combinaba con altas dosis de épica como consecuencia del contundente estilo de Frank Miller basado en una apasionada fuerza narrativa gracias al recurso del poderoso monólogo interior, un ritmo que jamás desfallecía y unas viñetas tendentes a sublimar la acción. Lo plano, lo banal y las medias tintas no tenían cabida. Se buscaba la intensidad y la grandeza en todos los órdenes del cómic.
Muy probablemente, la aportación más valorada del autor durante esta etapa fue la creación del personaje de Elektra Natchios, una fascinante antiheroína azotada por la tragedia familiar y abocada a ganarse la vida como asesina a sueldo con dominio de las artes marciales. Su affaire con Matt Murdock y su salvaje enfrentamiento con el temible y psicótico Bullseye, villano remozado por Miller, fueron, sin duda, algunas de las cimas que alcanzó la colección a nivel dramático y épico, los dos pilares sobre los que se asentaba el estilo milleriano.
Como decía al inicio, el autor, en 1982, cerró su primera etapa con el personaje, y para ello se empleó a fondo con una excelente historia titulada "Ruleta", donde exploraba con madurez y carácter reflexivo el papel influyente del superhéroe y la violencia en el mundo de hoy.
Afortunadamente, y tras un olvidable paso de Denny O’Neil, Frank Miller regresó a sus origenes para obviar lo que habían hecho otros y finiquitar su labor con el personaje mediante una guinda final. Contar una última y definitiva historia que mataba al superhéroe (Daredevil) para que sólo sobreviviese el hombre (Matt Murdock) era su objetivo. Born Again. Nacer otra vez. Muerte y resurrección. El fallecimiento del pecador y el resurgimiento del ser puro.
Sirviéndose de la simbología cristiana como metáfora, Miller derrumba al protagonista, lo somete a un purgatorio donde expía su culpa, lo desciende al infierno, lo destroza física y moralmente en un calvario sin fin... para después hacerlo renacer como un hombre nuevo con la ayuda ¿simbólica? de la maternal monja Maggie, quien acoge en su seno al caído y reza por él implorando piedad y salvación. Resultan emblemáticas, en este sentido, dos geniales viñetas: en una, vemos a Murdock demacrado junto a Maggie, estando ambos en una postura que remite directamente a La Piedad de Miguel Ángel; en otra, Murdock/Jesucristo se encuentra en paz, en postura de ya crucificado y bajado de la cruz. La redención se ha completado.
"Su alma está aturdida.
Pero es un hombre bueno, Señor.
Sólo necesita que le enseñes tu camino. Entonces se levantará y
será en esta ciudad una espada de luz en tus manos, Señor.
Si he de ser castigada, sea.
Si he de ir al infierno, sea.
Pero perdónalo.
Tanta gente le necesita.
Escucha mi plegaria."
Daredevil es un personaje complejo y ambiguo. Abogado defensor de día y justiciero urbano de noche. Un hombre que defiende la ley bajo la identidad de Murdock y que, sin embargo, se toma la justicia por su mano cuando anochece y se enfunda su traje: ¿Cabe mayor contradicción? ¿Qué vertiente es más efectiva para combatir el crimen? ¿Quizás una combinación de ambas? ¿Puede alguien mantenerse en su sano juicio ante tal dicotomía?... Daredevil no es un superhéroe al uso. No cabe el maniqueísmo. Tampoco los blancos y negros. Sin ir más lejos, estamos ante un tipo católico que se disfraza de diablo.
En Born Again, Kingpin, archienemigo que actúa en la sombra como gran jefe de la mafia, el crimen y la corrupción, averigua la identidad de Daredevil debido a la traición que comete Karen Page/Judas, antigua novia de Murdock que, desesperada y desamparada, vende su mejor secreto a cambio de una dosis de droga. Este hecho provoca el comienzo de un infierno vital que casi reduce a cenizas a un tipo ya en declive. A la decadencia del mismo contribuye Kingpin, quien va haciendo pedazos, con lentitud y sadismo, la vida de un hombre que sólo se siente cómodo y liberado cuando asume el rol de Daredevil, lo que le permite desahogar la rabia y la frustración de su anodina existencia como abogado en paro. Es fruta madura. Su enemigo tan sólo ha de mover algunos hilos para sacudir el frutal...
Lo que acontece después, relativo al desmoronamiento, apocalipsis, purificación, redención y renacimiento, ya ha sido apuntado previamente y supone un esquema seguido por Miller a lo largo de su carrera. Hacer morder el polvo al héroe e impulsar una nueva puesta en pie del mismo para que luche frente a un enemigo poderosísimo en un entorno hostil que no le ofrece comprensión es recurrente, de hecho. Y Miller lo hace mejor que nadie.
Para finalizar, es imposible obviar la sátira socio-política-militar que tanto gusta al autor. Ahí tenemos al supersoldado Nuke, trasunto perturbado y oscuro del Capitán América, que es utilizado como letal arma en una incursión intervencionista del ejército americano en Nicaragua y que, después, es reclutado y manipulado ideológicamente por Kingpin para que siembre el caos; al mismísimo Capitán América, un idealista extremo ("No soy leal a nada... excepto al Sueño") con valores patrióticos indoblegables; y la alusión a lo corrompible que puede resultar el ejército y al poder de destrucción masiva y devastación de las armas. Casi nada.
Y todo ello, señores, fue servido por Frank Miller y David Mazzuchelli (espléndido de veras) con crudeza, visceralidad, realismo y cierta extravagancia (esa enfermera forzuda...). La pasión y el dolor imprimían su marca a fuego. Los personajes se confesaban al lector mediante feroces monólogos internos (Murdock, Karen, el periodista Ben Urich y Kingpin). Es decir: como tenía que ser.


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