EL SÍNDROME GUASTAVINO

>> lunes, 7 de noviembre de 2011

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Tamaño:15,3Mb
Idioma: Español
Guión: Carlos Trillo
Dibujos: Lucas Varela
Escaneos: Archivo de Comics

Elvio Guastavino es un hombrecito gris, marchito, solitario, y esta enamorado de una pequeña muñeca de porcelana que atesora poder comprar, pero Elvio creció a la sombra de un padre militar, torturador en plena dictadura Argentina.
Hay secretos que la mente guarda de las más bizarras y perversas maneras, sacando a flote recuerdos que quieren ser olvidados.

EL DATO ¿Qué secretos esconde la muñeca y el pasado de los Guastavino? Una pregunta que fue formulada y respondida entre agosto de 2007 y abril de 2008 en las paginas de la segunda época de la revista Fierro, mientras redescubría esta nueva forma de leer un “comic” Argentino.
En realidad este es un comic escalofriante que cala hondo en el oscuro pasado del pueblo Argentino, con personajes patéticos y bastante macabros que Trillo nos regala a través de la pluma de un excelente Lucas Varela, que retrata perfectamente lo real por medio de la caricatura.
Extraído de la Revista Fierro retapado para ustedes, aunque en algunas librerías se consigue la historia en un solo tomo y en España fue publicado con el nombre de: La herencia del General.


Caricatura de familia

Lucas Varela
www.historieteca.com.ar
Lucas Santiago Varela (Buenos Aires, 1971) es sin dudas uno de los dibujantes más originales, completos y versátiles surgidos en Argentina en los últimos tiempos. Diseñador gráfico, infografista, ilustrador, artista plástico y -sobre todo- historietista, sus trabajos recibieron premios internacionales y fueron expuestos en museos y centros culturales, luego de aparecer publicados en medios como Clarín, La Nación Revista, Genios, Rolling Stone, La Mano, Comiqueando, Skorpio, Fierro, La Mujer de mi Vida y TXT, entre otros. También diseñó animación para el canal Fox y decenas de ilustraciones promocionales para agencias de publicidad, obras de teatro, bandas de rock y bares temáticos. Dos de sus historietas recientes (Ele y El Cuerno Escarlata) se han publicado con éxito en Francia, Holanda y EEUU.

Entrevista a Lucas Varela
avcomics.wordpress.com
Sasha, es fácil imaginarla, estuvo sentada allí. En una mesita de la vereda, con gafas enormes para cubrir los excesos de la noche anterior que le inventaron Lucas Varela y Carlos Trillo. “Siempre nos juntábamos acá”, cuenta el dibujante. “Acá” es Sálvame María, un bar frecuentado por los personajes de la última serie que la dupla publicó en Fierro. “Pero nos juntábamos a tomar café, no a almorzar porque es medio caro”, aclara el entrevistado. Para que no se le complicara mucho la documentación, el guionista le armaba escenas en la zona. “Por el barrio chino y por acá, hay toda una persecusión que sale del bar y sigue hasta la barrera de allá”, señala a lo lejos.
“La parte de la villa 31 la verdad es que no fui a investigar”, reconoce, “me dio no sé qué, no sé cómo ir a sacar apuntes ahí, así que es todo imaginación y notas del guión, aunque tampoco es que hiciera falta, porque fotos se consiguen”. Otro de los últimos relatos de Trillo se le viene pronto a la memoria. “Tampoco sé qué investigación habrá hecho (Eduardo) Risso para Bolita, aunque parece muy realista, pero uno como dibujante usa un poco la imaginación y trata de pensar cómo vive alguien ahí”.
Al publicarse esta nota, los caminos de Varela coinciden en Europa. Por un lado, porque en España acaba de publicarse una recopilación de Paolo Pinocchio, realizada por la editorial Dib Buks. Por otro lado, porque junto al guionista Diego Agrimbau ganaron beca y residencia para instalarse en la “Maison des auters” (“Casa de los autores”), en el pueblito de Angoulême, allí donde se realiza el prestigioso festival. Durante los próximos meses trabajarán en su serie de historias sobre locuras y aspectos formales de la historieta, que ya recibió muy buenas críticas por sus notables resoluciones cuando aparecieron algunos intentos en Fierro.
- Alguna vez mencionaste que te aburrís rápido de los personajes.
- ¿Yo dije eso? Con las historias largas, quizás. Me pasó con otras cosas, con Ele, que estuvimos haciendo con Trillo y (Eduardo) Maicas. Con Lolypop, que estuvimos haciendo con Gustavo Sala. Pero con Paolo Pinocchio no me aburro, siempre hay algo más para contar, da para cualquier cosa. Tiene esa amplitud que podés meterlo en cualquier situación. Ahora que estoy contando esas historias de eventos culturales en la Ñ, lo meto a Paolo, ¡y no me importa nada!
En una carpeta tiene los originales de la siguiente crónica dibujada para la revista de cultura del diario Clarín. Una recorrida por el barrio chino, que ya tiene redibujadas varias viñetas complicadas. Por ahí se adivina un muñeco de madera perverso en los últimos cuadros aún sin entintar. “Va como un cronista, soy yo disfrazado de Paolo, aunque alguna maldad en el fondo siempre hay”, explica Varela. El personaje, sin embargo, no nació como un alter ego de su persona, y tampoco lo es en la mayoría de sus peculiares aventuras. “Nació de casualidad, cuando estaba trabajando para la revista TXT, de (Adolfo) Castello y me pidieron una ilustración para una nota de ciencia, sobre el tiempo”. El personaje le gustó y sus historias empezaron a aparecer en distintos lugares, incluyendo la Fierro, hasta ocupar lugar en las distintas recopilaciones de su trabajo.
- Igual vas y volvés a él con intermitencias.
- Sí, será por eso que no me canso. En realidad yo quiero hacer novela gráfica, pero no me sale. Alguna de estas cosas tan importantes que ganan premios, como las de Paco Rocca. Con guionista sí puedo, pero en mi etapa de solista me sale hacer boludeces, chistes. No historieta seria.
- ¿Está mal?
- No, pero sé cuáles son mis limitaciones.
- En una entrevista para la revista Comic.ar decías que no sos buen guionista. ¿Qué dificultades te ves?
- Si me tengo que sentar a hacer una historia de 52 páginas no me sale. No sé cómo hacerlo y me las voy a ver en problemas. Algún día voy a tratar, a ver si me salen. Porque a mí me gustan las historias bien hechas, que cierren, que tengan un hilo conductor, que los personajes evolucionen. No sé si me sale. A mí me surgen historias cortitas. Por ejemplo, no creo que Pinocchio haya evolucionado, él es la libertad, la anarquía absoluta para el dibujante.
- ¿Cómo trabajás tus propia historias?
- Hago unos bocetos muy rápidos, casi como un guión dibujado. No es que me pongo a escribir en la computadora “viñeta 1, viñeta 2”. Hago todo a la vez, son letras y dibujos todos mezclados. Algo que sólo yo entiendo. Son dibujos muy feos, incluso, que me da vergüenza mostrar. En ese proceso cocino todo. Después lo paso en limpio, en la computadora hago el texto prolijo y las guías. Al final hago el dibujo y lo entinto. Pero el proceso creativo está en los cuadernos de bocetos, en las cositas rápidas. Ahí está la cocción de las historias.
- ¿Y a la hora de presentar cada viñeta? ¿Qué es lo importante?
- (Piensa) yo creo que a la claridad. La claridad narrativa es importante, entender bien lo que está pasando con pocos elementos y mucha síntesis. Acá hay una viñeta que la cambié como cuatro veces porque no me salía (muestra original). Esta otra viñeta la borré ya dos veces, no me salía. La verdad que trabajo por instinto, no tengo método pensado de cómo es el proceso narrativo.
- ¿Habrás traído a la historieta algo de la experiencia haciendo infografías en Clarín?
- Creo que no mucho, entré en infografía siendo diseñador gráfico, así que ya tenía un manejo del dibujo y lo gráfico, que también vuelco a la historieta. Por ahí haciendo infografías en Clarín aprendí de rapidez, porque es un ritmo re- jodido, el de la redacción, hay que resolver todo ya y te da mucho ejercicio. Pero gráficamente no sé si me aportó mucho para la historieta.
- Últimamente hiciste algunas exposiciones de pintura, ¿cómo se relaciona con tu trabajo como historietista?
Es otro lenguaje. Es otro vuelo. Yo digo que no soy tan buen pintor como historietista. No le dedico tanto tiempo y requiere otro tipo de cocción, de introspección, que no le puedo dedicar. Pero me gusta mucho, me apasiona. Me junto a pintar en un taller al que voy hace un montón. Es otro lenguaje para mí. La historieta es algo narrativo, que la pintura no, pasa por otro lado.
El creador de Paolo también es un habitué de unas jornadas muy particulares: las “Bacanales lupanares”, reuniones periódicas en que muchos artistas se juntan a escuchar música y despuntar el vicio del dibujo con modelo vivo en un bar, cerveza por medio. “Lo organiza un ilustrador muy bueno, y es eso: una banda que toca temas de Duke Ellington en vivo y una modelo para dibujar”, cuenta, “hay una energía muy especial, ¡hay comida!, si no querés dibujar podés apartarte a charlar, a escuchar música, a contemplar la belleza de la modelo, y hay muchos dibujantes muy grosos, como Pablo Zweig o Leo Arias”. Para Varela, estas “Bacanales” son un recreo, aunque “si te lo tomás en serio practicás anatomía”. Algunos de los dibujos de esas jornadas acompañan esta entrevista.
La convención internacional de historietas Crack Bang Boom, recientemente finalizada en Rosario, fue la última aparición pública local del dibujante, que volvió a Buenos Aires antes que terminara el evento sólo para hacer las valijas y volar a Francia. “Estamos muy entusiasados”, contaba a Cuadritos, “vamos a hacer esas historias raras, esas de gente con problemas mentales que rompen con el lenguaje de la historieta, una cosa experimental, así que sigo con problemas mentales (NdR: Sasha tenía doble personalidad)… ¡y yo que quería dibujar monstruos! Igual va a estar buenísimo. Nos tomamos como parámetro la total libertad gráfica”.
En la Maison des auteurs, explica, se eligen distintos proyectos, entre los que abundan los de artistas extranjeros, bajo la condición de tener un álbum publicado en el mercado francobelga. Su proyecto fue seleccionado. “Esa es la beca verdadera, la otra es una residencia, que pagan ellos mismos”, dice, “como nosotros somos pobres tuvimos que combinar las dos cosas, porque sino es una locura ir ahí cinco meses, con nuestros pocos medios no nos iba a alcanzar”. Por delante, asegura, les viene un intenso trabajo.
“Yo siento que me van a estar mirando a ver qué hago, a ver si tiene sentido darle la guita a este sudamericano, pero la gente tiene toda clase de fantasías”, se sorprende Varela y jura que le dicen que “va a coger como loco”, o que “se la va a pasar viajando”. Él no ve ninguna chance de que suceda una cosa ni la otra. “Uno va a laburar, ¡y ahí son todos tipos! Además va a ser verano allá, no va a haber nadie. Me parece que cuando no es el mes del festival, Angoulême es un embole mal”.


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El Sindrome
Guastavino
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