THORGAL

>> miércoles, 11 de abril de 2012

 -COMPLETA-
Status: 31/31
Tamaño: 673 Mb  (Total)
Idioma: Español
Guion: Jean Van Hamme, Yves Sente
Dibujo: Grzegorz Rosinski
Escaneos: Vespasiano, Rowlf, Chusmi, Cilurnigo, jalf196, Eskacha, Umbriel, lluis, mikar [CRG]
Links: Eduardo [howtoarsenio.blogspot.com.es]

En los confines de la Escandinavia medieval, un hombre se esfuerza por sobrevivir. ¿Quién es? Nadie lo sabe. Por esta razón los vikingos le llaman Thorgal Ægirsson, hijo de las tormentas y del mar. Para proteger a los suyos de los dioses que se ensañan con él, Thorgal ha decidido alejarse de ellos. Pero todo cambiara cuando conozca a Aaricia, una hermosa mujer con la cual comenzara un viaje que lo llevara a conocer increíbles aventuras y su destino.


EL DATO: Thorgal es un comic que desde que vi aquellas publicidades de los primeros números de editorial zinco me dejo alucinado por su gran calidad, pero pocas veces pude seguir la historia en forma ordenada (solo lo leído en alguna cimoc) así que al fin gracias a los embravecidos mares de la web hoy podemos encontrar de forma ordenada los tomos publicados por norma.

Que les puedo decir de Thorgal más si no que es una saga que lleva ya casi 34 años publicada de forma muy paulatina como los amigos Europeos nos tiene acostumbrados, de gran calidad tanto argumental como grafica, con elementos de fuerte fantasía heroica y ciencia ficción.
Aquí les dejamos divididos por sagas o arcos arguméntales la colección hasta el momento, gracias a los escaneos del CRG y los links de Eduardo de Arsenio Lupin.
Atención el link de descarga contiene un archivo CDL para cargar todos los links de descarga al JDowloader, mas un archivo de texto con la dirección de los links.


¡Ya tengo el podeeeeeeeeeeeerrrrr!

¿Que es Thorgal?
Por Fernando F. Belmonte [www.tebeosfera.com]
THORGAL es, ante todo, un cómic cuya andadura comenzó hace ya casi treinta años de la mano de Van Hamme y Rosinki, encumbrando a sus autores y siendo un éxito de ventas desde el principio. Esto, por supuesto, era y es un hacha de dos filos, ya que lo que en principio dotaba de libertad económica a sus autores era también una jaula de oro de la que no podían escapar, obligados por sus seguidores (y los editores) a continuar una saga que no tiene visos de terminar jamás. Mas adelante veremos que Van Hamme, haciéndole una finta al lector como pocos autores hubiesen sido capaces de hacer, encuentra una salida a esta trampa en la que siempre se ha movido el cómic: condenado a desaparecer si los personajes no son interesantes, y a la repetición de esquemas, si son demasiado atractivos.
Ya desde el primer álbum queda definido el mundo en el que se van a mover los personajes, a caballo entre la ciencia ficción y la fantasía heroica, y el personaje protagonista: un extranjero en tierra de vikingos, tal como lo es el Valiant de Foster, y a la vez un alienígena en un planeta que no es el suyo, argumento repetido hasta la saciedad desde Superman. Es, en cualquier caso, un héroe a quien las circunstancias obligan a ello, un hombre que busca la paz de su hogar y de su gente por encima de cualquier otra cosa, pero que esta condenado a vagar eternamente sin encontrarla. Thorgal Aegirson, como Ulises, no va en busca de aventuras sino que, manejado por los dioses, a quienes su existencia molesta precisamente por no estar en el lugar que le corresponde, se ve perseguido por ellas.
En sucesivas entregas de la serie descubrimos con detalle el origen del personaje, sus padres, su abuelo, su padre adoptivo, su amiga y mas tarde mujer: Aaricia, a sus hijos, a sus amigos, a sus enemigos... todos ellos excelentes personajes secundarios, creados por los autores precisamente para descargar a Thorgal de la pesada carga de esos 26 álbumes publicados hasta ahora. De hecho Van Hamme ha sido capaz de guionizar historias en las que, o bien Thorgal ni siquiera aparece, o es un mero secundario, o bien aparece pero ni siquiera el mismo lo sabe. De entre estos secundarios merecen un capítulo aparte tanto Aaricia, princesa vikinga y mujer de Thorgal, que protagoniza las mas bellas historias de la saga, como Jolan, su hijo, poseedor de habilidades que a su padre le han sido negadas y cerebro de la familia, o como Kriss de Valnor, aventurera, asesina, amante y enemiga, motor de la serie durante muchos números, con un destino que a nadie se le escapa: matar a Thorgal o morir por el.
Las aventuras en las que se va viendo implicado Thorgal obtienen una plasmación espectacular en los dibujos de Rosinki, quien, por exigencias del guión, se deleita en hacernos viajar desde el gélido norte vikingo hasta la húmeda selva centroamericana, pasando por islas paradisíacas mediterráneas, la Tierra de Dentro, la Inglaterra prerromana o el desierto mexicano. Es este continuo cambio de paisajes, de movimiento, una de las marcas del cómic. La constante huida hacia adelante de Thorgal lo hará descubrir regiones incógnitas para sus compañeros vikingos, civilizaciones y pueblos perdidos, tecnologías a veces avanzadas o veces muy atrasadas, dioses de Uno de los libros de la colección Pandora, de Normaopereta, monstruos, magos, sabios, princesas... Es por tanto un cómic 'de viajes' clásico, el héroe es un explorador cuyas aventuras irán motivadas en gran parte por aquello que va conociendo, amigos y enemigos, viéndose involucrado mas o menos conscientemente en las mas terribles simas de la miseria humana, el odio, el ansia de poder,de gloria, de inmortalidad, pero también conociendo la amistad desinteresada, el amor, el sacrificio, el conocimiento. También la traición. Cuando no es así, cuando sus problemas no vienen de los humanos de los que huye, pues Thorgal es bastante “hobbesiano” en este aspecto, entonces nacen de su pasado: el sobrevivió a un accidente en el que tendría que haber muerto. Así, es una pieza extra del puzzle que no puede encajar en ningún sitio. En un momento de desesperación llegara a decidir que lo mejor que puede hacer por los que ama es acudir a los dioses para pedirles que borren su destino. Y lo peor que le puede ocurrir, ocurre: los dioses acceden, empezando una de las mas brillantes sagas de la serie, a la vez que vía de escape para la colección, que conoce alguno de sus momentos mas brillantes en La Corona de Ogotai, en la que Jolan es el protagonista absoluto de un álbum en el que se apunta un posible spin off no aprovechado por los autores, pero que conectaría al primogénito de Thorgal con algún tipo de space opera futurista.
Esta posibilidad se abre gracias al que es, quizás, uno de los temas favoritos de Van Hamme: los viajes en el tiempo, un tema que, sin ser recurrente, da pie a tres historias diferentes, todas ellas de excelente factura, y que es propio de la ciencia ficción, aunque no sean siempre medios científicos los que permitan el viaje. La propia cosmogonía de la serie es la que sirve de enlace temporal en Los Ancianos Del País de Aran, mientras que en La Corona de Ogotai será la ciencia de ciertos vigilantes temporales (cuyos mismas injerencias son las que provocan las paradojas que pretenden evitar), y en El Señor de las Montañas será una mezcla de ambas.
Y si la ciencia ficción da origen a algunas aventuras, sosteniendo tramas como la inteligente saga del País de Qa, donde se pone de manifiesto la corrupción absoluta de los dictadores y su relación con la religión como fuente de poder sobre el pueblo, es la fantasía mitológica lo que sostiene el carácter fundamentalmente mítico del personaje. Sus encuentros con diferentes dioses, algunos prestados de la cultura escandinava, otros no, y con La Muerte, son los que definen las líneas en las que se escribe el viaje continuo, físico y mental, del protagonista. Para compensar la, a veces, amargura existencial de Thorgal, que incluso llega a ser suplantado por un doble, o convertido en asesino, los autores se apoyan de nuevo en los secundarios, tanto en Tjall El Impetuoso, típico personaje simpático, bromista e irresponsable, con mas hormonas que cerebro, como en Loba, de inocencia y bondad absolutas, o incluso en los hermanos Derek y Lehla, de los que Van Hamme y Rosinski logran que nos encariñemos en solo algunas paginas, robando viñetas y algún corazón por el camino.
Este cómic queda pues como una amalgama afortunada de géneros, protagonizada por el enésimo héroe de principios inatacables, atractivo arrollador y felizmente imbatible a las armas, condenado a huir eternamente de un destino que apenas puede capear mientras intenta sacar adelante una familia continuamente zarandeada por los demonios del padre. Un héroe descendiente además de una civilización perdida (o echada a perder), de la que reniega, lo que le dará el doble carácter de extranjero tanto en La Tierra como en el Cielo Fururista del que provienen sus padres. Van Hamme, cuando comenzó guionizando la historia de un chaval vikingo que era condenado a muerte, no podía saber que la vida de Thorgal se extendería en el futuro, hasta dar lugar a una de las sagas mas brillantes del cómic europeo. Las únicas lagunas posibles se encontrarían en la irregularidad inevitable de una colección tan extensa. Los personajes, las aventuras, el equilibrio entre lugares comunes y no comunes, son el gran hallazgo de esta serie en la que la belleza inaprensible de los dibujos de Rosinski termina de alejar cualquier crítica imaginable.

La critica
Por Rafael marin [www.bibliopolis.org]
Cuesta trabajo clasificar este tebeo: ¿Fantasía? ¿Ciencia-ficción? ¿Tebeo histórico? ¿Aventuras de vikingos? ¿Espada y brujería? Todo eso y un poco más es Thorgal, el heredero de los seres venidos del espacio, recriado como bardo pacifista entre los piratas del mar del Norte, un personaje creado en 1976 por Grzegorz Rosinski y Jean Van Hamme, y cuyas aventuras abarcan hasta el momento sus buenos veinticinco álbumes.
Publicados con cierto desorden en nuestro país (primero como serial en las revistas de Nueva Frontera, luego como álbumes en tapa blanda por Distrinovel, después por Zinco, y por fin por Norma Editorial, que hace un par de años empezó la reedición en un mismo formato unificado de toda la serie), los álbumes de Thorgal nadan perfectamente entre géneros, suponiendo por un lado un acercamiento a la fantasía heroica con una amplitud de conceptos y tratamientos de los que mucho tendría que haber aprendido el hoy difunto Conan y sus imitadores de medio pelo, incapaces de ver más allá de las limitaciones de un género que no tendría por qué ahogarse en los repetitivos esquemas a los que el bárbaro cimerio se ha visto abocado desde sus comienzos. Por otro lado, si ya en ocasiones se apunta al guionista Van Hamme como el sucesor del no menos genial Jean-Michel Charlier, hay rastros del Teniente Blueberry en su personaje, siempre desclasado y apartado de la violencia de sus congéneres (Blueberry era originalmente un sudista que obligado por las circunstancias pasó al Norte, y tras incontables idas y venidas, desertor del ejército, preso fugado y renegado refugiado entre los indios, peripecias que, a su modo y en su tiempo, el propio Thorgal vendrá sufriendo desde sus inicios al verse enfrentado a todo tipo de barbarie en su condición de héroe sereno y diferente), marcado desde el principio por una cicatriz en el rostro (como Blueberry tiene la nariz rota tras su entrada algo caprichosa en la Guerra de Secesión), y poseedor de una armoniosa filosofía de la paz que hereda sin saberlo matices de nuestro Capitán Trueno y se entronca, dentro del mismo comic de vikingos que pone al día, con el sentido del honor, el amor y la familia de Principe Valiente, quizá referente inevitable y alfa y omega del cómic como medio de expresión, como arte y como literatura de la imagen.
Las historias de Thorgal y sus compañeros se enclavan en un mundo medievalista oscuro y luminoso al mismo tiempo, donde no hay limitaciones históricas más allá de la nomenclatura vikinga de los personajes, y donde la meditada falta de molestos textos de apoyo convierte a esta historieta en un experimento moderno y activo, pura poesía de las imágenes con un sentido narrativo que entronca sus aventuras con el medio cinematográfico parejo al cómic y que no necesita esa dimensión añadida que los tebeos utilizan más por rellenar huecos de guión que como verdadera ayuda narrativa. Thorgal vive sus andanzas en una tierra poblada a la vez por supervivientes de civilizaciones estelares, de la que él mismo es ya único representante, junto con duendes, bárbaros, dragones, magos, hechiceras, mundos paralelos y puertas al más allá que rompen las barreras del espacio y del tiempo.
Sus mitologías son siempre originales, herederas de todos y de nadie, un producto sorprendentemente fresco y nuevo capaz de encandilar con cada entrega. Los elfos de las leyendas escandinavas se reconducen con la ciencia-ficción heredera de las elucubraciones (¿falsas?) de Von Däniken, y el deambular caprichoso del personaje lo lleva a islas-continentes donde los dioses mayas o aztecas tienen otros nombres y otros cuerpos pero la misma crueldad evidente, a mares helados en los que agonizan los dioses de las estrellas ahogando consigo sus secretos de magos y sus debilidades de hombres imperfectos, a glaciares en los que el tiempo se detiene y la ilusión de la vida eterna se quiebra como un cristal cuando la vida exterior se cuela de rondón entre las paredes de hielo, a entornos mediterráneos donde los torneos con arcos y flechas y las galeras piratas y los esclavos rebeldes alternan con reinos de cuento de hadas y sátrapas crueles capaces quizá en última instancia de algún sacrificio poético. Sagas como las de El país Qâ, aventuras como la de La guardiana de las llaves, personajes secundarios como Loba y Jolan, los misteriosos hijos mutantes de Thorgal y de quien mucho tendrían que aprender otros niños y otros mutantes de los comics que sufrimos, la dramática maga Slive o la despectiva y caprichosa mujer guerrero Kriss de Valnor, despechada enamorada del héroe capaz de convertirlo, sabiamente en off y durante un par de álbumes, en un sanguinario guerrero llamado Shaigan que niega todo lo que Thorgal es (como si los autores pusieran punto y final a la moda de los reversos tenebrosos de los héroes de la que se ha alimentado en los noventa todo el cómic de superhombres norteamericano), se encuadran entre los mejores momentos que el tebeo de aventuras europeo (o el tebeo en general, qué demonios) ha producido en fechas recientes, y al menos una de las diversas paradojas temporales que la serie ha propiciado hasta el momento en su maravillosa capacidad de sorprender de una aventura a la siguiente, el álbum titulado El señor de las montañas, queda como una de las obras maestras absolutas del comic de todos los tiempos.

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THORGAL
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