La Estrella negra

>> miércoles, 27 de febrero de 2013

El planeta Palidón IV es conocido como “el planeta escoria” por su abundancia en material de desecho espacial. Allí, tres seres, un joven aventurero junto con una chica piloto y un androide robot, son reclutados para llegarse a una “estrella negra” en una peligrosa misión de rescate.
EL DATO: Una obra de la dupla Barreiro/Giménez del año 1979 con una onda mezcla entre Star wars y Alíen el octavo pasajero.
Publicada en capítulos por la editorial francesa Glenát  y en 1985 por Toutain en español, esta obra tiene la característica de ser la primera historieta de Gimenez realizada íntegramente en color, con esas precisas acuarelas.
El archivo CBR esta rejuntado con un artbook de bocetos de la serie.




La critica
Por: Sergio Benítez

 Extraido de: http://lecturasrecomicdadas.blogspot.com.ar
Encontrarse con un título desconocido de un autor de esos a los que les compras todo lo que saquen siempre es una experiencia agradable por más veces que suceda, máxime si para colmo es un cómic bien editado y, por muy antiguo que sea, su precio no es prohibitivo. Y eso fue exactamente lo que me pasó en Noviembre con el álbum que hoy recomicdamos, con el que me di de bruces en los Encuentros del Cómic de Sevilla "buceando" entre los muchos cajones que Wizards (esa estupenda tienda sevillana de la que hemos hablado ya por aquí) había llevado al patio central del evento. Siendo La Casta de los Metabarones uno de mis títulos europeos favoritos, y Juan Giménez un dibujante que siempre me deja extasiado, no dudé ni un segundo en adquirir esta Estrella Negra, un título la mar de sugerente con una portada que prometía emociones fuertes para este insigne amante de la ciencia ficción.
Lamentablemente, tal y como pasaba con muchas de esas cintas de los años ochenta que contaban con un póster alucinante para ocultar su carácter de producción B (o directamente Z), el producto no está a la altura de lo que su cubierta da a entender, al menos no en lo que al guión de Barreiro se refiere, ya que el dibujo, como veremos, juega en una liga muy diferente.
Visto hoy, con la perspectiva que da el tiempo, resulta obvia la influencia que, no sólo en el cine, sino en casi todo el entretenimiento (juegos, literatura y cómics) tuvo el estreno de la primera entrega de La Guerra de las Galaxias. Tan obvia en muchos casos como ridícula, ya que las copias y clones que le crecieron a la magna obra de George Lucas en muy poco tiempo llegaron a ser agotadoras. Sumándose a ellas con una desvergüenza que parece impropia del autor de sólidos títulos como Ciudad o As de Pique, Barreiro fusila, intentando por todos los medios que no parezca que lo hace, la historia del granjero convertido en héroe espacial. Y si no me creen a ver que piensan de este resumen de la historia: un muchacho rubio y algo rebelde es rescatado de ser capturado por un misterioso personaje con capucha que busca reunir un grupo que le ayude a rescatar una nave perdida en el centro de una singularidad espacial. Para ello contarán con la ayuda de un androide peligroso contratado en un bar de mala muerte y de una piloto experta teniendo que enfrentarse a unas naves piratas antes de poder llegar al lugar en el que se perdió la nave. Y si aquí no han sido capaces de ver a Luke, Obi Wan, una mezcla entre Chewbacca y C3-PO y otra entre Han Solo y la Princesa Leia, así como las similitudes entre la búsqueda de la nave con el encuentro con la Estrella de la Muerte, es que no he hecho bien mi trabajo. Estará revestido de toda la parafernalia y la tecnojerga que ustedes quieran, pero el gérmen de la idea es bien evidente.
Ahora bien, como decía al principio, el que el guión de Barreiro sea poco más que correcto no es óbice para que el trabajo de Giménez, el primero que el argentino realizó a todo color, sea magnífico. Aún en un momento temprano de su carrera (por más que su primer trabajo profesional tuviera ya dos décadas cuando esta Estrella Negra vió la luz) Giménez venía de terminar su maravilloso As de Pique, por lo que en cuanto a narrativa, caracterización de personajes y diseño de maquinaria, no hay nada que poder achacarle al tebeo. De hecho, el único aspecto a comentar sería el color, y ni siquiera aquí, por mucho que sea la primera vez que el artista se atreve con la policromía, hay nada negativo que decir; Giménez es uno de los grandes de la historieta, tanto por su imaginación como su claridad narrativa, y La Estrella Negra es un excelente ejemplo de ello.




Juan Giménez, ciencia ficción en sus manos
Por: Andrea Calderón
Extraído de : http://www.losandes.com.ar/

A pesar de los muchos, muchísimos Juan Giménez que figuran en la guía telefónica, sólo uno encabeza el listado de Google.
Es el mismísimo Juan que de niño copiaba las portadas de los libros de bolsillo con los útiles escolares y el que dejaba fascinados a sus compañeros con la recreación del Cruce de los Andes en el pizarrón.
Tan logrados eran los trazos del pequeño nacido en 1943, en Mendoza, que hasta a la maestra le daba pena borrarlos para enseñar matemática.
La infancia de Juan fue itinerante. Su padre, un petrolero por el que pasaban aviones y camiones de carga, era cada tres años trasladado de lugar. Así conoció Mar del Plata, Tucumán, Chaco y San Juan, donde lo conquistaron las primeras salas de cine.
“A mi mamá le encantaba, y como mi hermana y yo éramos chicos la acompañábamos siempre. Recuerdo una película sobre la Segunda Guerra Mundial en blanco y negro con un tanque en el desierto... Se llamaba ‘Cinco tumbas al Cairo’ y la protagonizaba Franchot Tone.
En ese momento hice una historieta con la misma imagen que guardaba en mi cabeza y hace cuatro años la repetí pero con un tanque del futuro”, recuerda minutos antes de entrar a la Sala Naranja del Centro Cultural Le Parc, donde participó de la presentación del documental sobre su vida y obra “Sueños lúcidos”, dirigida por Diego “Chino” Flores.
Cuesta llegar a Juan entre tanta euforia. Las manos se estiran para saludarlo, algunas con papel y lápiz para pedir un autógrafo, otras con gestos de amistad. El artista no se resiste y a la dedicatoria la devuelve con una sonrisa y palabras de agradecimiento.
Bromea con su calvicie y con los asados mendocinos que tanto extraña. No descarta volver a su tierra querida ni al encuentro con amigos, ni a la siesta, ni a las acequias, ni a la calidez de su gente o al abrazo de su familia. Lo deja entrever como algo posible y no tan lejano, sobre todo ahora, que en Europa azota el frío y prefiere un fin de año bien brindado.
“Cada vez que vengo crecen las amistades y todo ese cariño empieza a tentarme con la vuelta. Estoy armándome un piso para poder venir sin molestar a nadie”, dice el hombre que a los 16 descubrió la revista Misterix y desde entonces no paró de dibujar.
Un lápiz, una goma y algunas acuarelas fueron la materia prima para una carrera que -ni Juan imaginó- sería tan exitosa. Entre los estudios de Diseño Industrial y su trabajo en Publicidad haciendo storyboards para spots, Giménez se dio algunos gustos: en Río Cuarto conoció al dibujante de Misterix y Hora Cero, Víctor Hugo Arias, quien además de enseñarle los secretos de la tinta china le dio una mano para terminar la que sería su primera historieta publicada.
Más tarde, ya instalado en Europa, llegaría un imparable reconocimiento por sus dibujos, que lo han convertido en uno de los grandes ilustradores del cómic de ciencia ficción a nivel mundial.
“Yo sabía que estando en Mendoza publicaban mis trabajos en Italia. Cuando me fui de acá lo primero que hice fue pasar por la editorial para la que hacía series de aviación. Después conocí al guionista argentino Ricardo Barreiro. Juntos nos abrimos camino para trabajar; él se quedó en París y yo pasé por Madrid antes de instalarme en Barcelona. Ahí evolucioné de una manera fulminante porque tenía todo el día para dibujar. Hasta me ponía toallas en el codo por el dolor. De cualquier manera siempre lo hice con gusto”, dice.
La influencia de Oesterheld, entre tantos otros, y la lectura de ciencia ficción, le brindaron herramientas que, sumadas a su talento ilimitado y a su interés por lo bélico, lo mecánico y lo imaginario, lo llevaron a crear series como “As de pique”, “Estrella negra”, “Basura”, “Cuestión de tiempo”, “El cuarto poder”, “Leo Roa”, “Juego eterno”, “La casta de los metabarones” o a participar en el largometraje “Heavy Metal” como colaborador.
Entre los reconocimientos que acumula, Juan Giménez ha sido distinguido en cuatro oportunidades como Mejor dibujante de las revistas 1984 y Comix Internacional; ha recibido la misma distinción en el Salón Internacional del Cómic en Barcelona (1984); también el Yellow Kid otorgado por el Salón Internacional del Cómic de Lucca (1990) y el Bulle D´Or en Francia (1994).
Sus trabajos han sido expuestos en numerosas ciudades del mundo y se ha dado el gusto de trabajar con guionistas como el inseparable Barreiro, Emilio Balcarce, Alejandro Jodorowsky, Pascale Rey o Carlos Trillo. Este último bromeó en su momento con que la madre de Juan había sido abducida en el sexto mes de embarazo, lo cual explica “las visiones que fueron poblando la calva cabeza del futuro artista”.
Son estas mismas palabras las que disparan el documental de 26 minutos que dirigió Flores y produjo Enzo Vendemmia con la animación de Pablo Goitisolo y un equipo que recreó las fantasías animadas de aquel niño y viajó a su estudio en Sitges, Cataluña, para rescatar su voz proyectada hacia el Mediterráneo.
“He traído trabajo para continuar en Mendoza porque los términos de entrega son inapelables. Mis dibujos son producto del tiempo y de horas de manchar desde que era un niño, cuando dibujaba con cal sobre el pavimento. Yo veía que me festejaban las ilustraciones y eso me daba ánimo”, cuenta el artista acerca de su propia y única vía de evasión. Del mundo real ama muchas cosas, pero si tuviera que elegir dos, las motos y los aviones serían la vía hacia la libertad. 



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