Los chicos que coleccionaban Tebeos

>> miércoles, 13 de enero de 2016

Ahora que viene el verano y todos tenemos más tiempo para dedicarle a la lectura, les recomiendo esta novela “Los chicos que coleccionaban tebeos” escrita por Helio Mira y co-escrita por Julian Clemente, el actual editor Marvel español. A cualquiera que haya leído un comic Panini en los últimos años, debería sonarle el nombre de Julian.
En apenas 4 días me acabé el libro (leyéndolo desde la computadora). Como no se consigue en  Argentina, les dejo la versión digital. No me apasiona leer libros en formato digital, pero era eso o nada, y este libro me despertaba mucha ilusión. Y cubrió todas mis expectativas, y más.
No sé cuál será la edad de Clemente, pero me vi reflejado en muchas de sus historias. Tal como le ocurrió a él, V fue la primera serie que me despertó pasiones...y pesadillas. Tal como él recuerdo que en clase (en ese entonces iba a segundo de primaria) no se hablaba de otra cosa. Incluso la gente grande alucinaba con ella. Y no había Internet para spoilear el siguiente capítulo. Eran tiempos más simples y sorpresivos.
Compartí su entusiasmo porque una de mis misivas saliese en algún Correo de Lectores  de Perfil. Da ilusión ver por primera vez tu nombre en un correo de un comic que amas.
Cada comic y cada aventura que nombran en este libro, te invita a buscarla para revisitar. Así, la lectura de esta novela se hace aun más gloriosa. Es el placer del comiquero. Estoy seguro de que todos los visitantes del Archivo la disfrutaran tanto como yo.
Me encanta como va narrando el avance de su afición. Como pasan de ser simples amantes del género, que compran las revistas cuando las encuentran, a empezar a patinarse por todos los kioscos de su ciudad hasta dar con el número siguiente de alguna serie. Este verdadero peregrinaje acabó al encontrar, como si de la ambrosía se tratase, la primera comiquería de su vida. El siguiente paso de este grupo de amigos que nos presenta la novela fue la compra por correo. Otro placer que todo comiquero alguna vez se dio.La imagen del Dueño de comiquería mala onda y desconsiderado con su clientela también era habitual por aquí (y digo era porque quedarán 3 o 4 locales apenas, en donde no se pueden dar el lujo del maltrato a sus potenciales compradores) la vivimos todos. Por suerte ese tipo de despachantes son los que primero se funden, producto de su propio desprecio hacia los lectores de comics.
En esas épocas en las que uno comenzó con el vicio de los tebeos, era habitual el leer y releer el mismo comic cientos de veces, al punto de saber de memoria algunos bocadillos de diálogo. Tan diferente a lo que ocurre hoy en día en los que una relectura resulta muy infrecuente ante la enorme oferta de títulos. La pila de comics pendientes siempre tiene cierta altura, y lo prefiero así. Aunque, no dejo de extrañar, a veces, esos comienzos en los que consentíamos mucho más cada revista. Me veo muy identificado, y todo fan del género debe sentirse igual, con las correrías y aventuras que viven los protagonistas para poder completar los "huecos" de alguna colección, y  el inmenso placer que se siente al encontrar alguna de esas reliquias.
No faltan en la novela las referencias culturales, como era de esperar.
No falta en este libro genial el capítulo triste, el de la pérdida de uno del grupo. No temas, no te rebelo nada con esto. Se sabe a las pocas páginas, y es la excusa que dispara los recuerdos. Todo el libro va de saltos temporales. Del presente triste por la perdida y feliz por un nacimiento, al pasado en el que comenzaron con la afición y el amor por los comics, una pasión que unió al grupo y ya nunca lo desunió. Solo la vida, con sus vueltas, los alejó un poco a algunos.
Es un libro muy ameno. Entrañable por momentos, ideal para todo aquel que fue coleccionista de comics Forum o Zinco. Desconozco si funcionará o lo disfrutará otro público. A mí me pareció maravilloso, lo devoré en apenas 4 días, como ya dije. 
Por ahora los dejo con esta nostálgica reproducción de una parte de la novela, nos leemos la próxima. Saludos.

“Somos niños grandes que nunca dejamos las cosas que de verdad nos gustaban. Lo llevamos en la sangre, como Rorschach nunca abandonó las calles e igual que Bruce Wayne volvió a ser Batman cuando se hizo viejo, diez años después de haber colgado la capa. Puede que alguien tratara de venderte la moto de que los adultos no leen tebeos ni tienen un pasillo con los carteles de las películas de Steven Spielberg ordenadas cronológicamente. Puede que tú mismo te vendieras esa moto, que un buen día cogerías todos tus cómics y los subirías al desván o los liquidarías por cuatro duros.
Es lo que hace la mayoría, los que no se toman esto demasiado en serio, o los que se asustan cuando se dan cuenta de que se lo están tomando demasiado en serio. Nosotros no somos así: con veinte, con treinta, con cuarenta años hemos seguido haciendo lo mismo que nos gustaba cuando teníamos diez, cuando teníamos quince. Y ven tú a decirnos que abandonemos la única constante, lo único que no ha cambiado a lo largo de nuestra vida.”

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